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Almuerzo de Navidad


Estaba la mesa prepararada para comer, no sabía con exactitud que hora era. ¿Almuerzo o desayuno?
Mamá ponía los platos. Almuerzo entonces.

¡Que joven y hermosa!
No entendía que hacía ella ahí, algo no estaba bien pero actúe como siempre. - ¿Te ayudo en algo? - 
- sentate que ya está todo listo-
Le hice caso y me senté.
¿Cómo están Clari y Amelia?
Me siguió sorprendiendo la pregunta.
-Ellas están muy bien mamá, son felices. Son esporádicos los momentos que ellas preguntan por vos pero he podido desenvolver fácilmente mis respuestas sobre vos.-
-Quisiera conocerlas y jugar con ellas...-
No lo decía en tono de reproche sino con añoranza y extrañeza
Lo decía mientras me servía jugo de naranja en un vaso de vidrio. El juego de vajilla era muy bonito. Platos, vasos y cubiertos que hacian juego con el mantel de la mesa redonda.
-Ya lo vas a hacer, sólo tenes que recuperar tus fuerzas y recuperarte para que las pueda traertelas y jugar con ellas ó hacer otras cosas que harían nietas y abuela.- Se sonrió al decirle eso.
-¿La señora te ayuda?-
-Si, si. Ella es muy voluntariosa. Hoy no está porque sabes que es un día especial y debe estar con su familia.-
Me extrañé y puse el ceño de pregunta. - ¿Qué día es hoy, mamá? -
- Es Navidad, estamos esperando a que lleguen tus hermanos, ¿no ves? -
Me dí cuenta que había varios juegos de platos y vasos, no sólo para dos.
-Llamó Yani y dijo que en diez minutos estará por acá.-
Me puse contenta y le pregunte si también venía la abuela.
Me dijo que está vez no porque se iba a almorzar con sus hermanas.
-Bueno mamá, ¿sirvo la comida ó es un poco apresurado?-
-Anda sirviendo que yo voy a descansar un poco pero antes acercate un poquito.-
Me acerque a mi mamá, vi de cerca a la vieja más bonita, sus arruguitas graciosas, fruto tantas risas y llanto.
Sus pequitas no eran tan perceptibles como las mías por su tez oscuro pero si estaban. Era un poco mas baja que yo, pero eso era todo, el cabello lacio hasta los hombros de un azabache brillante fruto de su naturaleza y originalidad.
Entonces cai en mi propia angustia y la abracé.
-Mamá, estoy muy triste. Este año no fue como otros, todo lo que hice se me fue por el caño y era como que siempre la mala suerte estuviera conmigo. Ahora veo que no puede lograr aun mi meta profesional y eso más contribuye mi desasosiego. ¿Qué puedo hacer? Se que es tonto pero la tristeza no se va.-
-Hija, he vivido poco, lo sé pero lo único que me quedó como enseñanza fue la esperanza. Dios me dió esperanza de que siempre todo puede mejorar, estuve muy enferma y me ves acá en otra fiesta con ustedes. -
Lloré mucho. Empapé su pequeño hombro.
-No pierdas la esperanza, sos incluso más fuerte que yo. Vivias defendiendo todo y todos. Yo no era así. Vivía con miedos. -
-Enseñale eso a Clarice y Amelia. Que no bajen los brazos y que todo se resolverá en algún momento. Esperanza, ¿Escuchaste?-
-Si mamá. Escuché.-
-¿Ya tenes que ir a descansar?-
-Sí, pero no olvides de abrirle la puerta a tus hermanos para que podamos comer todos juntos.- Se sonrió y se marchó para su antigua habitación a dormir un rato.
-Mamá, te quiero.- Hice una pausa. -Tal vez en año nuevo puedan venir Clari y Amelia.-
-Me haría muy feliz eso Celeste, Yo las amo de verdad y siempre rezo para que todos nosotros estemos cuidados y protegidos.-
Me sentí mejor y estaba aliviada al verla irse a descansar.
Que lindo tener estos momentos de charla con tú mamá, en una preciosa habitación. Ella tan bonita como siempre y que te apoye aunque no esté. 
Pude sentir que mi brazo estaba atravezado al brazo de Nahuel y que las sábanas me llegaban al cuello.
Era un sueño, un sueño que pronto me olvidaría pero está vez no iba a esperar ese momento, tenía que transcribir sus palabras.
Tal vez me las dije a mi misma para sentirme mejor pero tal vez no, si eso es posible los sueños nos dan la oportunidad de ir a visitar a esas personas que ya no se encuentran físicamente con nosotros. Mi mamá hace quince años que ya no está  pero pude vivir en ese segundo como era y ver su cara tal cual.
¿Milagro de Navidad? seguro que no. Mi persona ordinaria no merece eso pero fue un alivio el haber recibido su apoyo en esta época del año en el que se me vienen recuerdos muy fuertes de mi adolescencia que no fue muy linda y que una de esas cosas fue su enfermedad por estas fechas y luego devino a muerte y desaparición física para nosotros (hijos).

Ella fue la primera persona que me rompió el corazón al haberse ido. Yo la recuerdo con amor y espero que siempre me acompañe como también a mis hijas.


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